En octubre de 2024, la Organización de las Naciones Unidas alertó sobre la existencia de más de 120 millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo: la cifra más alta registrada en la historia. Personas que huyen de la guerra, la devastación climática y el colapso económico, a menudo en territorios que alguna vez fueron ricos en recursos naturales. Territorios arrasados por siglos de extracción, colonización y explotación sistemática.
La riqueza del mundo occidental no es fruto únicamente de una herencia natural, ni una recompensa por la virtud, el trabajo duro o el buen gobierno. Gran parte de nuestra economía ha sido, y con demasiada frecuencia, sigue siendo, construida sobre trabajo robado, recursos saqueados y la destrucción deliberada de ecosistemas. Esta es la verdad detrás de muchas de las crisis a las que nos enfrentamos hoy en día. Y es una verdad que debemos afrontar, no solo con reconocimiento, sino con acción decidida.
En Ferrer, reconocemos que hemos sido beneficiarios de sistemas globales de desigualdad, y por eso tenemos la responsabilidad de devolverle activamente a la sociedad todo lo que hemos recibido. Nuestro conocimiento, nuestras innovaciones y nuestros logros solo son posibles gracias a la sociedad y la infraestructura que nos rodea. Debemos socializar nuestra riqueza para honrar el contrato social y ayudar a ofrecer oportunidades para las futuras generaciones.
Como ha argumentado el economista Thomas Piketty, la desigualdad no es un accidente. Es el resultado de decisiones políticas y de sistemas diseñados para concentrar el poder y la riqueza en manos de tan solo unos pocos. Pero también es un sistema que puede deshacerse. Aunque no a través de la filantropía. No mediante campañas que nos hacen sentir bien o promesas vacías. La verdadera justicia exige un cambio estructural, una fiscalidad más equitativa y modelos empresariales éticos.
Ferrer no es una empresa que tenga todas las respuestas. No lo hacemos todo bien y sabemos que aún nos queda mucho camino por recorrer. Pero lo que importa es que hemos tomado una decisión: priorizar la justicia social por encima del beneficio para los accionistas. Eso implica poner nuestros recursos, nuestro conocimiento, nuestra influencia —todo— al servicio de un objetivo más grande que nosotros mismos.
Estamos aquí para demostrar que es posible hacer negocios con conciencia, para dar ejemplo. Corroborar que una compañía farmacéutica puede alzar la voz, no solo por sus inversores, sino también por las personas desplazadas, desfavorecidas e invisibles. Ellas pueden, y deben, formar parte de nuestra lucha.
Y eso, por supuesto, para una empresa farmacéutica significa ofrecer soluciones transformadoras para enfermedades raras y potencialmente mortales. Nuestras áreas terapéuticas foco —las enfermedades pulmonares vasculares e intersticiales y las enfermedades neurológicas raras— reflejan ese compromiso. Pero también significa desafiar el status quo: la idea de que el valor es lo mismo que el beneficio, que la riqueza se derrama hacia abajo, que el crecimiento es intrínsecamente bueno. Esos mitos han dado lugar a una desigualdad grotesca en todo el mundo. Como demuestra la investigación de Wilkinson y Pickett en Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva, la desigualdad extrema no solo perjudica a las personas más pobres, también corroe la confianza social, debilita los resultados en salud y daña el propio tejido de la sociedad.
Así que, claramente, hay cosas que deben cambiar. Necesitamos una distribución más justa de la riqueza y modelos de negocio que no se basen en la extracción, sino en la devolución. Y ahí es donde creemos que las empresas tienen que desempeñar un papel fundamental.
En esta memoria verás cómo Ferrer ha seguido actuando, no como una empresa perfecta, sino como una empresa que no rehúye las verdades incómodas. Una compañía dispuesta a tomar decisiones valientes. Una organización comprometida con una estrategia a largo plazo que devuelva todo lo posible al planeta y a sus habitantes.
Y sabemos que no podemos hacerlo solos. Queremos que otros se unan a nosotros —ya sean aliados, competidores o socios—. Porque, al final, el éxito en Ferrer se mide por nuestra capacidad de impulsar un cambio colectivo y duradero.
Queremos ser recordados, no por lo que obtuvimos, sino por todo aquello que devolvimos.
Sergi Ferrer-Salat Presidente de Ferrer